Por: Hna Elba Rosa Quintero, arcj     
23/10/2019     




Quiero hacer un alto en mi camino, para relatarles el llamado que Dios me hizo, desde mi corta edad. Conocí y estudié algunos años con las hermanas Vicentinas en Colombia, y sentía una gran veneración y admiración por ellas. Pasó el tiempo y yo me olvidé por completo de estos sentimientos. Cierto día, una prima me avisa que ha llegado de Venezuela una religiosa en busca de vocaciones y está haciendo un llamado, a través de la parroquia, a todas las jóvenes que tengan inquietud vocacional.

Sentí una alegría inexplicable, me lancé a la aventura, pues todavía no había cumplido 17 años, y decidí ir a la casa parroquial para entrevistarme con la religiosa. Después de un largo diálogo y discernimiento, hablé con mis padres sobre mi inquietud vocacional y mi padre me responde que es una locura, que lo mejor es que me case y así podré vivir cerca de ellos. Me recordó lo que les dije en una ocasión: "nunca me voy a casar, para no separarme de ustedes y cuidarlos cuando estén mayores"... Pero ya ven, el Señor tenía otros planes muy distintos para conmigo.

Ante mi insistencia y a regañadientes, me dieron permiso para emprender este hermoso camino a la vida religiosa. A través de este largo recorrido por sus diferentes etapas, ha sido el Señor quien ha guiado mi caminar llevándome en sus dulces brazos desde el día que le dije: "aquí me tienes Señor, dispuesta a seguirte, servirte y serte fiel hasta el final de mi vida".

Siempre me he sentido muy motivada y edificada por la entrega generosa de muchas hermanas mayores que tuve la oportunidad de conocer. Entre ellas quiero mencionar a la Hna. Leonidas (llamada cariñosamente "queridita"), la Hna. Oliva Somaza, la Hna. Apolonia, entre otras muchas que me han edificado con su vida de entrega, oración y servicio.

¿Porqué elegí la Congregación de Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús y no otra? Simplemente porque me cautivó su sencillez, humildad, entrega y caridad fraterna. Hoy a mis 39 años de haberle dicho si al Señor, quiero decirte que vale la pena y sí que la vale, dejar todo por seguir su llamado como una gracia de predilección.



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