Por: Hna. Wendy Khalil, arcj     
06/11/2019     




Mantener la alegría actualmente, se ha convertido en un verdadero reto ante la inflación, la delincuencia, la falta de cortesía, entre tantas otras situaciones que se han transformado para muchos en fuente de amargura, de rebelión y hasta de desesperación.

Un medio seguro para la meta ambiciosa de la felicidad, es mirar a Cristo con el corazón de María. Porque el Reino de Dios viene de manos de María; por eso, no debemos temer aceptar a María en nuestra casa, en nuestro corazón, en nuestro trabajo, en nuestro proyecto de vida... ella jamás suple a su hijo sino que nos lo entrega para nuestra salvación. Mientras más nos acercamos a María, más nos acercamos a Jesús.

Se trata de ser feliz por oír la palabra de Dios y ponerlo en práctica como lo hizo nuestra dulce madre del cielo. Es cantar con ella el Magníficat; porque Dios enaltece a los humildes. Es ser pobres de espíritu, sencillos y mansos: para ser Bienaventurados, como María.

No esperes que todo marche bien para ser feliz. María supo serlo, en medio de sus dificultades. Hoy por hoy, debemos converncernos que los obstáculos nos hacen más fuertes, más valientes... que nos hacen crecer. Están allí para superarlos, para hacernos vencedores.

Tu verdadera felicidad y tu fortaleza es el hijo de María, pon en Él toda tu fe y tu esperanza. Procura amarlo siempre y en toda circunstancia y pronto verás que Él será tu paz verdadera y tu alegría sin fin.

María, Madre de la alegría; ruega por nosotros.



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