Por: Fray. Wilmer Moyetones, oar     
13/11/2019     




Vocación se escribe con V, te lo diremos en siete palabras; no pretendemos hacer un análisis sintáctico, ni una interpretación exegética, ni tampoco un estudio etimológico; lo que pretendemos es tomar algunas palabras de la Sagrada Escritura que comienzan por V y contienen alguna característica propia de la vocación.

VIVIR/VIDA
Para destacar el verbo vivir, la primera motivación de los discípulos es descubrir dónde VIVE el Maestro. A su pregunta, Jesús les responde: "Venid y veréis", como si les dijera: "Venid y experimentadlo en carne propia. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así. Nuestra vocación no es solamente estar vigilantes, sino que también debemos entregar nuestra vida como don; nuestra propia vida es un regalo de Dios: como don de Dios, tengo que lograr que mi vida sea un regalo para los demás. Jesús nos dice en su palabra "Yo soy el camino, la verdad y la vida", pero también nos dice: "Yo he venido para dar vida y vida abundante". Nuestra primera vocación es dar la vida; si hemos venido a este mundo, es para algo: si Dios arriesgó la vida de su Hijo es para algo. Para que nuestra vida tenga sentido, tendremos que donarnos a los demás.

VENID
En segundo lugar, la palabra VENID, porque el Señor Jesús, en San Juan, la dice a dos discípulos, cuando van a su encuentro. Jesús les pregunta qué buscan, y ellos le dicen: "Maestro, ¿dónde vives?". Él les responde: "Venid"; ellos fueron y estuvieron con Él. El venid indica movimiento, no seguir anclado en seguridades. El Maestro te invita a que vayas a estar con Él. Nuestro proceso vocacional es un ir en camino, en marcha, como peregrinos que saben a dónde van, a la casa del Maestro, hacia Jesús, para morar con Él, para compartir con Él, para intimar.
La invitación de Jesús es ir a Él; esto viene de un encuentro profundo y significativo: le siguen porque algo bueno habrán visto en Jesús; a la hora de seguirle, se fían de su palabra, porque primero hay que creer para luego ponerse en camino con Él.

VERÉIS
En tercer lugar, el VERÉIS. Este verbo está muy unido al primero, ya que Jesús les responde: Venid y lo veréis. Fueron y vieron, dice el texto, pero al quedarse con Él, ese ver pasó a mirar, es decir, le permitió ver más allá y con más atención, a mirar con el corazón. Seguro que estos dos discípulos habían visto muchas cosas en su vida, pero Jesús les hace caer en la cuenta de que tienen que aprender a mirar atentos, a ver con el corazón. Muchas veces, en nuestro camino vocacional, podemos mirar y ver muchas cosas que no nos dejan contemplar las maravillas de Dios; esas miradas son las que nos impiden dejarnos sorprender de Dios.

VENDER
La cuarta palabra es otro verbo, VENDER: después de ir a ver, toca vender todo lo que tenemos y seguir a Jesús. Es su mandato: "Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme"; el Señor nos pone siempre en salida, en movimiento, quiere que salgamos corriendo a vender todo lo que tengamos, todas aquellas pequeñas cosas que nos atan en la vida y no nos dejan caminar en libertad como hijos de Dios, que nos dan falsas seguridades; así que vayamos a vender todo y quedarnos con nuestro único tesoro, Jesús.

VELAR
La quinta palabra es VELAR, que también está en el evangelio: "Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor". En la vida del seguimiento, no solamente basta ir, ver, y vender todo lo que tengamos, sino que también hace falta, y siempre, estar vigilando; tenemos que espabilar, no quedarnos dormidos: es muy fácil que durante el proceso vocacional esa llama que se ha encendido en nuestros corazones se vaya apagando.Vigilar nos es solamente cuidar mi vocación, sino que también me exige estar atento a la realidad: escuchar los gemidos de los que sufren, el clamor de los pueblos olvidados. Sin esta sensibilidad, no es posible caminar tras los pasos de Jesús.

VERDAD
Ahora le damos el turno a la verdad; después de ir, ver, vender, vigilar y vivir, ahora nos toca comprobar que todo esto lo hacemos libremente, en la verdad, porque la verdad es la que nos hace libres. Además, Jesús mismo es la Verdad: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Quien camina en la verdad no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Es lo que quiere Cristo para nosotros los llamados: que caminemos en la verdad, no en la mentira y la falsedad, porque la mentira nos esclaviza y no nos permite ser auténticos. Jesús nos invita con su palabra a que seamos testigos de la verdad.

VID
Me gustaría cerrar esta reflexión con la palabra Vid, porque sabemos que, al igual que los sarmientos, sin Él no podemos hacer nada: todas las palabras que antes hemos mencionado, para que tengan sentido y se hagan realidad en nuestra vida, deben partir de la verdadera Vid: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada".
Los seguidores del Maestro tenemos que estar unidos a Él, porque, estando con Él, podemos dar muchos frutos y nuestra vocación será fecunda y gozosa; si no permanecemos en Él, nuestra vocación será estéril, mediocre. Nuestra vitalidad está en Él, no en nosotros; si nos desligamos del Maestro, no daremos frutos.
Finalmente, podemos decir que nuestra vocación es un ir hacia Jesús, un ver dónde vive, y esto implica vender todo lo que poseemos y ser generosos con los pobres; pero, además, no basta dejarlo todo, sino que hay que estar vigilantes y vivir dando la vida como don de Dios para ser testigos de la verdad. Y para que todo esto llegue a su plenitud, tenemos que estar unidos a la verdadera Vid, Jesús, porque sin Él no podemos caminar, ver, velar, vigilar, vivir y andar en la verdad: sin Él no podemos hacer nada. En conclusión, podremos hablar de itinerario vocacional si, primero, Jesús sale a nuestro encuentro y nos invita a ponernos en movimiento para ver dónde vive; luego, nos manda a vender todo lo que tenemos; para perseverar en el caminar, quiere que estemos siempre vigilantes, es decir, cultivemos nuestra vocación, y después, nos manda a dar vida y vida en abundancia, a que seamos testigos de la verdad; y si queremos seguir en este caminar, debemos permanecer unidos a la Vid, que es Cristo, para dar frutos y frutos de verdad.

Fuente: www.inquietar.com



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