Por: Hna. Ekari Palacios, arcj     
12/01/2020     




Cuando hablamos de Educar enseguida nuestro pensamiento se dirige a su significado etimológico, que es de origen latín, "ducere" y significa "guiar o conducir" en el conocimiento. Podríamos pensar también en la educación sistematizada pero, lo cierto es, que educar es una palabra que va mucho más allá de un sistema educativo y lamentablemente en los últimos tiempos se ha perdido su sentido más profundo en la vida del hombre.

Jesús, el MAESTRO de los maestros, nos enseña a educar, y cuando nos acercamos un poco a su pedagogía, personal, divina, humana y transformante, nos damos cuenta de que educar a su manera no es tarea fácil; sin embargo no es imposible: todos podemos alcanzarla si con humildad deseamos ser discípulos a los pies del Maestro y perseverar en su amor. Quizás te preguntes por qué comenzar por la humildad? y a este respecto nuestro padre San Agustín nos dice:

"Si quieres llegar a la verdad, no busques otro camino que el que trazó el mismo Dios, que conoce nuestra enfermedad. Ahora bien, el primero es la humildad, el segundo es la humildad, el tercero es la humildad, y cuantas veces me lo preguntases te respondería la misma cosa. No quiero decir que no haya otros mandamientos, sino que la humildad debe preceder, acompañar y seguir a todo lo bueno que hacemos... si no el orgullo nos lo arrebata todo." (S. Agustín, Epist. 118,22).

Así mismo el filósofo griego Sócrates afirmaba: "Sólo sé que no sé nada." Realmente no sabemos nada si no tenemos la sabiduría que nos viene de lo alto. Podríamos tener infinitos títulos académicos y si no tenemos la sabiduría del Maestro aún no sabemos nada. Por lo tanto, para educar es necesario ser humildes de corazón, a fin de instruir con sabiduría a los demás y poder recibir lo que el otro nos quiere dar en el día a día.

Educar desde el amor lleva a dar la propia vida como lo hizo Jesús en la Cruz, sin ningún interés, con empatía, paciencia y caridad, buscando siempre la libertad del otro que con corazón inquieto quiere aprender y hallar la verdad.

Educar es la manera más sublime de AMAR, implica conducir al hombre a la interioridad, a la razón y que sea capaz de cuestionarse ante su propia existencia delante de Dios, buscando el sentido de su vida para ser un ciudadano competente que transite por este mundo hacia la ciudad futura dejando huellas profundas para quien también trasite ese camino.



Volver